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Las Palmas de Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria

El núcleo original de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria fue el campamento del Real de Las Palmas, establecido por el capitán Juan Rejón en 1478.

Cuando Gran Canaria se anexiona definitivamente a la Corona de Castilla en 1483, las funciones de este núcleo fundacional se diversifican.

En el Museo podemos ver varias maquetas donde se aprecia la evolución histórica de la ciudad, así como los grabados originales de Bry sobre el ataque del corsario holandés Pieter van der Does en 1599.

Numerosos viajeros ingleses, atraídos por una visión romántica o por un interés científico, visitan las islas. Éste es el caso de J. J. Williams que realiza diversos grabados de la ciudad de Las Palmas, caracterizados por una visión pintoresca e incluso exótica, destacando el realizado desde la Montaña de San Roque.

Imágenes relacionadas

Sala Ciudad de Las PalmasMaqueta según el plano “Ciudad de Las Palmas de la Isla de Gran Canaria”, recogido en la “Descripción de las de Canarias” de Pedro Agustín del Castillo, 1686.Vista de la Ciudad de Las Palmas
J. J. Williams, 1839
Estampa, 16,5 x 25 cm.
Insula de Gran Canaria, ataque holandés
Anónimo, 1673
Estampa, 22,7 x 31,2 cm.
Las Palmas capital de Gran Canaria
Lebreton, c 1880
Estampa, 14,6 x 10 cm.
El Real de Las Palmas
Taller de Restauración de la Casa de Colón, c. 1985
Maqueta, 50 x 139 x 99 cm.

Más información

Ataque de Pieter van der Does, 1599
El ataque del corsario

En febrero de 1599 los puertos castellanos quedan cerrados a todo comercio con los holandeses; ante tal situación, y a fin de romper el bloqueo, Holanda crea una flota destinada a cortar las comunicaciones entre España y sus territorios ultramarinos, atacando y capturando cuantos barcos españoles se pusieran a su alcance.

La armada creada mayo de 1599 por los Estados Generales de los Paises Bajos, se componía de 74 buques de guerra comandadas por Pieter van der Does (Leiden, 1562 – Santo Tomé, 1599) al mando de la nave Orangieboom, con un total de soldados que oscilaban entre los 8 y 9.000 hombres.

Tan importante armada zarpó del puerto de Flesinga en los Países Bajos, el 28 de mayo de 1599, dirigiéndose hacia el sur. La Coruña y Cádiz eran los primeros objetivos, pero dado que estaban sobre aviso y preparadas para el ataque, la armada continuó hacia Canarias.

Casi un mes después de zarpar, el 25 de junio, la armada llegó a Gran Canaria, recalando en la bahía de las Isletas. Tras bombardear el Castillo de La Luz y la costa, se inician sucesivos intentos de desembarco, que resultaron infructuosos. Por último, consiguen desembarcar a la altura actual del parque de Santa Catalina, provocando el repliegue de los canarios hacia las murallas de la ciudad.

Durante los días 26 y 27 de junio se inicia el asedio a la ciudad que es defendida desde la muralla de Triana, la fortaleza de Santa Ana y el cerro de San Francisco. El día 28 con apoyo el de los cañones, la ciudad cae a manos de los corsarios holandeses.

El 8 de julio de 1599 la armada de Pieter van der Does abandona la Isleta con casi un millar bajas. Tras la marcha queda una ciudad destruida que tardó más de un siglo en continuar su crecimiento natural expandiéndose más allá de sus primeras murallas.

Los viajeros ingleses del siglo XIX y la imagen romántica de Gran Canaria
Los viajeros ingleses

La mirada romántica sobre el paisaje, encontró en los viajeros ingleses del siglo XIX un amplio espacio, tanto para reflejar la turbación y la violencia de la tormenta, como la placidez de la ruina clásica que se deja entrever tras la vegetación.

Los viajeros ingleses, ávidos por descubrir el pintoresquismo en los modos de vida y los paisajes más ajenos a su realidad, acuñaron la iconografía romántica de las Islas.  Sus textos literarios y grabados mostraron al mundo las bondades de los paisajes del Archipiélago, envueltos siempre de esa desdibujada sensación de imperturbabilidad.

En los grabados de Williams que posee el museo, las vistas de Gran Canaria alternan el paisajismo de una geografía sin domesticar, con  imágenes donde la presencia urbana surge de modo casual y armónico. Personas, costumbres, ciudades y naturaleza se muestran a través de estos viajeros con una mirada complaciente, que pretende poner en valor el reconocimiento de la diferencia, una diferencia que también era desigualdad y que muchas veces era distancia,  y no solo geográfica, en cualquier caso estas miradas no falsearon realidades sino que las eligieron.

Por último no podemos hablar de J. J. Williams sin ponerlo en relación con las ilustraciones que realizó para la monumental obra del naturalista francés  Sabin Berthelot, la Historia Natural de las Islas Canarias (1836 – 1850), que sin lugar a dudas es un hito de obligada referencia en la literatura científica sobre Canarias.

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