JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ GORDILLO, HISTORIADOR: “NUESTRO TRABAJO DESCUBRE ASPECTOS TABAQUEROS QUE LA HISTORIA DE CANARIAS AÚN NO HABÍA PUESTO DE RELIEVE”

09 feb 2011

El historiador José Manuel Rodríguez Gordillo, de la Universidad de Sevilla, es uno de los autores del trabajo de investigación galardonado con el Premio Canarias-América 2010 que otorga anualmente la Casa de Colón, de Las Palmas de Gran Canaria, entidad museística dependiente del Cabildo grancanario.

El estudio, bajo el título Cuba-Canarias-Sevilla. La Posición del Archipiélago canario en los flujos tabaqueros entre las Antillas y el monopolio español 1717- 1852, fue realizado conjuntamente con los también historiadores Santiago de Luxán Meléndez, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Montserrat Gárate Ojanguren, de la Universidad del País Vasco.

En esta entrevista, Rodríguez Gordillo, que lleva 40 años de investigación sobre el tabaco, explica las líneas maestras de dicho trabajo, que se centra sobre el papel que jugó Canarias como centro de intercambio comercial de tabaco entre América y España durante los siglos XVIII y XIX.

- La posición estratégica de Canarias jugó un papel decisivo en el intercambio comercial de tabaco entre la Península y América.

- Sí, es el eje de nuestro trabajo, el papel de Canarias en los flujos de tabaco entre las colonias americanas y la Metrópolis.  La ubicación del Archipiélago lo convierte en un lugar estratégico para el intercambio de tabaco entre la Península y América. Y el tabaco aunque, en un principio, tuvo un papel poco relevante en las primeras décadas del siglo XVII, poco a poco, tanto en España como en el resto de Europa Occidental fue un elemento de comercio y de negocio de extraordinaria importancia. Canarias sirvió de puente tanto en estos flujos legítimos como en otros ilegales a los que acudían ingleses, franceses y, fundamentalmente, los holandeses. Eso generó un aporte de riqueza extraordinario a las Islas.

- ¿Por qué el producto se revaloriza y comienza a tener importancia en esta época de la historia?

- Fundamentalmente por el aumento del consumo. Los productos que llegaron de América a la Metrópolis, en su mayoría previamente pasaron por las islas del Archipiélago, y ese hábito fue cuajando en los hábitos de vida de los españoles en un periodo dilatado. Al principio, el producto sorprendía; era extraño e hicieron falta décadas para que se extendiera su consumo. Primero fue en la periferia, en los puertos a donde llegaban los barcos desde América y, progresivamente, fue penetrando hacia el interior. Hasta bien entrado el siglo XVIII el tabaco era un fenómeno tanto en Canarias como en el sur de la Península. Luego, poco a poco, fue entrando por otros puntos, como los puertos de Galicia, todo el Cantábrico y el Levante español hasta penetrar en el interior de la Península, aunque muy pausadamente, en un largo período de tiempo.

- ¿Cuándo comenzó a declinar el papel de Canarias como plataforma de intercambio y cuáles fueron las causas de ese declive? 

- Yo diría que no declinó, porque Canarias estaba ahí permanentemente, y los flujos entre la fábrica de Sevilla y Canarias permanecen a lo largo de todo el siglo XVIII y comienzos del XIX, que es cuando nosotros acabamos el trabajo. Luego vendría otra  etapa del negocio tabaquero canario, mucho más brillante, que fue a partir del libre comercio de 1853, cuando se generaron unas posibilidades extraordinarias, que es lo recuerda todo el mundo en Canarias del último siglo y medio. Pero digamos que eso escapa de nuestra consideración en este trabajo. Nosotros estudiamos todo el periodo previo a ese momento que conoce todo el mundo. Precisamente, ese es el valor que le quisimos dar al trabajo: descubrir aspectos tabaqueros que la historia de Canarias aún no había puesto de relieve.

- ¿En qué puertos de Canarias operaban las embarcaciones que realizaban el intercambio comercial de tabaco en esa etapa histórica que ustedes han analizado?

- Llegaban fundamentalmente a las dos islas principales [Gran Canaria y Tenerife], en cuanto a negocio lícito, aunque también llegaban a distintos abrigos y puertos de poco flujo en lo referido a las actividades ilegales. Las dos islas eran las que más relaciones mantenían con la Administración castellana y el resto eran los que escapaban al control de esas actividades. En este campo, el profesor De Luxán ha penetrado más en esa faceta del tabaco, en la segunda parte del trabajo, y la describe perfectamente.

- Es decir, que había también un intercambio ilegal de tabaco.

- Sí, primero llegó libremente, en las primeras décadas del siglo XVI, aunque de ello se sabe muy poco tanto en las islas Canarias como en la Península. Suponemos que debió llegar libremente, como cualquier otro producto, porque no era aún un producto muy ansiado ni muy buscado. En cuanto tomó carta de naturaleza, la Administración, que siempre estaba necesitada de fondos, se dio cuenta que de una imposición sobre el tráfico podría sacar beneficios y comenzaron a cargarlos con los primeros aranceles cuando entraban en la Metrópolis. En cuanto hubo una carga impositiva al tabaco, el hecho de introducirlo fraudulentamente se convirtió en un negocio porque se ‘liberaba’ de esa carga. Desde muy tempranas fechas hay cargamentos ilícitos o fraudulentos de tabaco, pero cuando se estancó, a partir de 1636, como el diferencial por el Estanco era mucho mayor, entonces todas las figuras se multiplicaron extraordinariamente, porque ya no se podría comerciar ni distribuir ni fabricar.. Entonces, no sólo había una vía legal de la entrada, sino que se convirtió en ilegal su cultivo y se arrancaban plantas y se castigaba a los infractores, desde mismo modo que a los distribuidores..Entonces, todo era ilegal; las figuras ilegales crecieron extraordinariamente, a partir del monopolio, pero ya antes había introducciones fraudulentas de tabaco.

- Ustedes plantean en el trabajo que las autoridades económicas metropolitanas de la época no supieron valorar el papel esencial que jugó Canarias como base de distribución del tabaco hacia mercados africanos o mediterráneos.

- Es que luchar contra la maquinaria administrativa de la Corona era algo muy importante. La Corona castellana fracasó en todo el planteamiento del monopolio, aunque logró sacar un beneficio extraordinario de ese planteamiento. El monopolio significaba que la Administración tenía que controlar todo. Sin embargo, en la práctica, no terminó por controlar nada. El tabaco tenía que venir de las colonias españolas, pero en una proporción desorbitada vino de las colonias enemigas, con lo cual nuestras colonias perdieron una gran capacidad para abastecer de materias primas. Luego, las manufacturas debían hacerse en la fábrica de Sevilla, pero se manufacturó mucho tabaco en la isla de Cuba y luego se introducía en la Metrópolis, algo que estaba absolutamente prohibido por las leyes de entonces y en todos los imperios coloniales. En la distribución, que debería haber sido propia, ahí se metieron una gran cantidad de distribuidores fraudulentos que hicieron un flaco favor a la Corona. Pese a todo, las ventas de tabaco eran las segundas más importantes de la Monarquía española. Y en el siglo XVIII, España, que era una de las tres monarquías más potentes del mundo, tenía el 20% de sus ingresos derivados del tabaco. Imagine qué habría pasado si se hubiera controlado todas esas vías fraudulentas.

- ¿El papel que jugó el tabaco en el flujo comercial es comparable al auge que alcanzaron otros productos como el azúcar o el vino en Canarias?

- Hombre, son etapas diferentes. Si hay una cosa clara en los intercambios comerciales entre la Metrópolis, Canarias y América es que hay etapas sucesivas en las que primero hubo vino, luego azúcar, después tabaco, luego volvió el azúcar…Depende del momento histórico, pero el azúcar fue un elemento muy preciado, que generó riqueza, y siempre estuvo por delante del tabaco.

- Usted acumula 40 años de estudio sobre el tabaco. ¿En el contexto actual se sigue repitiendo algún esquema o modelo que ha permanecido en el tiempo?

- Yo creo que la industria tabaquera ha sufrido una transformación brutal. La Península llegó a tener 13 centros manufactureros, mientras hoy quedan apenas uno y medio, porque uno es importante y el otro está a bajísimo rendimiento. Ahora los flujos de materia prima y el desarrollo industrial están muy concentrados en cuatro multinacionales. Y son estos intereses que dimanan de capitales lejanísimos los que mueven el tabaco. Entonces, aquí ahora somos pequeños granitos en un engranaje tremendo.

- Respecto al debate sobre el consumo, parece que las tabaqueras buscan nuevos mercados en países emergentes de África o Asia ante la restricción que se impone en Europa.

- No se puede imaginar lo que consume en África o en el propio Japón, que es un país asiático muy desarrollado donde se consume desde hace mucho tiempo. En países emergentes, donde la población ha ido adquiriendo un poder adquisitivo cada vez mayor, las multinacionales se han volcado sobre esos mercados. Un mercado no se abre en una década ni en tres o cuatro lustros. Lo vienen buscando desde hace muchísimo tiempo, teniendo presentes los gustos de la población. Tenga en cuenta que los cambios de generación y de gustos pueden ser desastrosos para las tabaqueras. Por ejemplo, España y Tabacalera tuvo en la marca Ducados uno de los negocios más extraordinarios de su existencia, pero cuando se impuso el tabaco rubio americano, eso produjo un desastre para los intereses de Tabacalera; se acabó el tabaco negro.

- Ese traslado hacia mercados emergentes responde pues a las restricciones que se imponen sobre el consumo en países como España.

- Sin duda. Se buscan mercados donde la defensa que hacen los grupos sociales no sea fuerte, y es allí donde se desarrollan campañas muy potentes y se mantiene el negocio. También es verdad que las multinacionales están diversificando sus actividades y eso compensa en algunas quiebras parciales que puedan tener.

- ¿Qué opina en torno al debate sobre el consumo de tabaco que se ha generado en España?

- A mi me parece muy razonable la medida, quizás porque no he fumado nunca, pero creo que estos hábitos se moldean con el tiempo. Es lógico que los fumadores la rechacen, porque les gusta tomar una copa con un cigarrillo, pero otros muchas personas sentían lo contrario. Inexorablemente creo que todos debemos respetarnos en la sociedad y descubrir vías para superarlos, buscando espacios intermedios como terrazas que permitan la convivencia entre fumadores y no fumadores.

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