“EL ESPAÑOL DE AMÉRICA NO EXISTIRÍA SIN LA APORTACIÓN LINGÜÍSTICA DE LOS CANARIOS”

14 jun 2010

• No hay que examinar el patrimonio lingüístico en términos de pérdidas, sino de adaptación a las circunstancias.
• Las telenovelas americanas se basan en estudios sobre el léxico que debe ser empleado para llegar a la mayor audiencia posible.
• Que algunos jovencitos canarios empleen “vosotros” y no “ustedes” es apasionante para un lingüista

Hace dos años los investigadores canarios Dolores Corbella y Cristóbal Corrales iniciaron un estudio profundo de la huella dejada por los canarios en América a través de su léxico, y de cómo muchos de estos giros retornaron luego a las Islas, modificados, para instalarse en el habla cotidiano en el Archipiélago. Para ello, ambos autores retrocedieron en el tiempo hasta revisar desde su origen cada uno de estos  vocablos. Llevan más de veinte años trabajando este tipo de datos. El compendio final de su trabajo, tras cotejar todos los diccionarios de Hispanoamérica, se presenta el día 16 de junio, a las 20.00 horas, en la Casa de Colón. Ambos nos ofrecen aquí, de forma conjunta, un avance de sus resultados.

Su propuesta de investigación fue premiada en diciembre de 2008 en el contexto de la convocatoria del Premio de Investigación Canarias-América. Hagamos una primera valoración de lo que han averiguado.

Nos hemos encontrado con un material riquísimo, mucho más de lo que en principio habíamos supuesto. Tanto el español de América como el de Canarias se implantaron en una época coetánea y participan de unos mismos fenómenos que los caracterizan (arcaísmos, andalucismos...); pero, aparte de esto, la simbiosis entre las dos variedades ha sido importante, especialmente con zonas como el Caribe, el Río de la Plata o México. Esa riqueza compartida hubiera sido impensable sin el aporte de la emigración canaria que ha dejado su huella en América desde el siglo XVI hasta los años setenta del siglo XX.

A primera vista podría parecer una tarea tal vez demasiado amplia. ¿Cómo se las han arreglado para obtener toda esta información y procesarla, analizando por ejemplo los términos recogidos en los diferentes diccionarios de una y otra orilla?

Esta es una investigación fundamentalmente lexicográfica, pero hay que tener en cuenta que el lexicógrafo, al analizar la vida de las palabras, no sólo emplea diccionarios (lo que nosotros llamamos técnicamente los recursos meta-lexicográficos), sino que debemos ir hacia atrás en el tiempo, descubriendo en los testimonios puramente lingüísticos de los mismos hablantes y en las fuentes históricas, el empleo de esos términos. Y, en el caso canario, indicamos el uso actual, vigente o no, de esas voces. Las fuentes son, por tanto, múltiples, porque la investigación misma así lo demanda y porque hoy en día es posible disponer de nuevos recursos como las bases de datos o todo el material que ofrece la red. En más de una ocasión hemos conseguido completar algo más la historia de las palabras gracias a estos datos; en otras no, porque aunque aparentemente la red ofrezca múltiples registros, la información válida en ciertas ocasiones es mínima o nula. En cuanto a la información americana, hemos podido disponer de una bibliografía amplísima, a veces muy difícil de localizar. Para los datos canarios, llevamos más de veinte años trabajando y las bases de datos que tenemos elaboradas crecen día a día, tanto con registros lexicográficos como con informaciones sobre la frecuencia de uso o la vigencia de cada una de las palabras.

¿Qué calificativos le parece que empleemos para denominar esta investigación? ¿Etiquetas como las de arduo, trabajoso, árido... servirían a este propósito?

Detrás de toda investigación seria y rigurosa hay un proceso importante de reflexión y de maduración, unos años de trabajo intenso y continuado. Desde luego, visto desde fuera, puede parecer un trabajo arduo y, a veces, hasta árido. Pero, ni mucho menos, la labor del investigador es apasionante. Como lexicógrafos, cada nuevo proyecto que hemos planteado en los últimos años ha significado un avance importante en nuestro quehacer, un nuevo reto para conocer más profundamente nuevos aspectos del patrimonio lingüístico canario. De todas formas, el resultado del proyecto es la síntesis final de lo analizado, tanto a nivel teórico como a nivel práctico. En el tipo de investigación que realizamos no podemos perder de vista nunca el patrimonio general del idioma y los particularismos léxicos de cada una de las modalidades,pues podríamos caer en el error de considerar como propias o singulares voces que son habituales en otras regiones. Además, la lexicografía exige una técnica que hay que conocer y saber llevarla a la práctica. Tenemos un referente muy importante, a nivel teórico, en la lexicografía francesa y, por supuesto, también en los modelos planteados por los maestros de la lexicografía española. En suma, tras este resultado hay muchas horas, muchísimas, de reflexión y de análisis no sólo de lo nuestro sino también de lo que se está haciendo fuera de aquí sobre aspectos que incumben al léxico y la manera de plantear y llevar a cabo diccionarios.

En ese flujo migratorio de palabras al que ustedes hacen mención, ¿qué ejemplos podemos ofrecer, siempre en la relación Canarias-América, de palabras en una y en otra dirección?

Nuestra investigación abarca el análisis de más de dos mil ejemplos de voces compartidas y, aunque no siempre está claro el camino seguido, el análisis en detalle de cada una de las palabras en muchas ocasiones nos ha permitido dilucidar su historia y la senda recorrida. Resulta fácil plantear la dirección de los prehispanismos canarios, como gofio y tabaiba, por ejemplo. Gofio se encuentra en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Puerto Rico, la República Dominicana, Uruguay y Venezuela; la voz pasó a América, con toda seguridad desde muy pronto, y allí ha seguido manteniendo el mismo sentido canario, aunque en algunos países ha adquirido significados nuevos y propios. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, de ascendencia canaria (y que se calificaba a sí mismo como «gofiómano»), tituló uno de los capítulos de su libro La Habana para un infante difunto como «Confesiones de un comedor de gofio cubano», y dedicó el artículo «Del gofio al golfo» (publicado en las Jornadas de estudios Canarias-América) a este singular elemento de la cocina canario-cubana. Tabaiba, por su parte, se emplea en Cuba y la República Dominicana, aunque no designa una euforbiácea, como en Canarias, sino un árbol de costa de unos diez metros de altura, tronco recto de corteza gris y algo rugosa y de madera estimable por su flexibilidad y resistencia. También es evidente la dirección de los indoamericanismos, algunos de ellos presentes en Canarias desde época muy temprana: papa o maní podrían ser dos de los ejemplos más característicos y siempre citados. El quechuísmo papa se introdujo en Canarias, al menos, desde principios del siglo XVIII (Viera y Clavijo decía que es «uno de los más bellos presentes que el Nuevo Mundo ha hecho al antiguo»). El antillanismo maní es más frecuente en Canarias que su sinónimo el aztequismo cacahuete, y se puede documentar perfectamente en el Archipiélago desde la segunda mitad del Siglo de las Luces. Son todos estos ejemplos conocidos, pero la investigación nos ha deparado nuevos hallazgos, como la presencia en América de voces canarias como malpaís o del portuguesismo magua que, a través de los emigrantes canarios, llegó a Cuba, Puerto Rico, la República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Habrá ejemplos de algunos términos capaces de haberse mantenido incólumes en la historia, sin variar su relación significante-significado; y también de otros que, por el contrario, hayan cambiado totalmente desde su acepción original, hasta un uso diferenciado con el paso del tiempo.

Los hay, claro. Enlazando con las voces anteriores, la palabra comegofio ha pasado a significar un «don nadie, hombre sin valía, poco conocido, de escaso poder e influencia». Es un compuesto formado en América, concretamente en Cuba. El primer lexicógrafo cubano, Esteban Pichardo, advertía que a los «isleños» los llamaban también «come gofio». De simple sinónimo de «canario» el comegofio cubano en la actualidad hace referencia a una «Persona que dice o hace algo inconveniente, inoportuno o inadmisible». En otros términos lo que se produce es un cambio de referente, como con la voz drago o como sucede con los numerosos ictiónimos que se llevaron a América y allí pasaron a denominar otros peces de aspecto o coloración similar. Así sucede con nuestra singular vieja, voz que hemos tomado del portugués veja, y que también se emplea en andaluz, y que ha tenido un uso continuado en América en zonas como Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Paraguay, Puerto Rico, la República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Si la historia de las palabras forma parte de la historia general de ambas comunidades (canaria y americana), y su estudio nos ayuda a comprender mejor el intercambio de personas que tuvo lugar durante siglos entre ambas; cabría preguntarse entonces si a medida que la investigación han ido avanzando, ustedes han conseguido visualizar cada vez mejor los perfiles de sus formas diferenciadas de pensamiento y de comportamiento, en uno y en otro territorio. En este sentido, ¿tenemos suficientes datos para componer la figura del canario en esa época, a través de sus vocablos y de las expresiones?

La historia de las palabras es un puzle que poco a poco vamos recomponiendo. Los testimonios de los que disponemos son, en la mayoría de las ocasiones, aislados, pero dan pistas para ir conociendo cómo era ese emigrante, lo que supuso su incorporación al Nuevo Mundo, lo que trabajó para la constitución de los países americanos y lo que, cuando retornó, pudo traer. Hemos señalado ya en alguna entrevista que en la mayoría de las ocasiones el emigrante, cuando conseguía volver a las Islas, traía consigo simplemente una maleta cargada de términos que había asimilado en su aventura americana y que aquí usó ya como propios, incorporándolos a su acervo lingüístico. Aparte de la imagen que podamos tener del «isleño» que venía con su «haiga», la vida tuvo que haber sido durísima para algunos, de ahí el arraigo de voces como la antes señalada magua, de términos relacionados con su trabajo (muchos se dedicaron a la agricultura y a la ganadería) y con sus aficiones (como las peleas de gallo).

¿Qué idea general debemos llevarnos a casa, al menos por el momento, tras el análisis efectuado al léxico en los territorios canario (insular) y americano? Y en cuanto a la perdurabilidad de los resultados, ¿deberán someterse a revisión en unos años, o con ellos debería darse ya por cerrada esta investigación?

Hace unos años un investigador americano se preguntaba si son americanismos todos los americanismos. Ahora, con los datos que manejamos, podemos afirmar rotundamente que no, que una parte relativamente importante de las voces tradicionalmente marcadas como americanas debe su implantación en el Nuevo continente al aporte de la emigración isleña. En cuanto a la segunda cuestión, la lengua es algo vivo, que se adapta a los nuevos tiempos; la influencia americana nos llega ahora por otros canales, principalmente por los medios de comunicación. En los años ochenta y noventa, con la difusión de las telenovelas colombianas y mexicanas en versión original, se hicieron estudios para ver qué léxico deberían usar los actores para que fueran entendidos por la mayor audiencia posible. Quizá la dirección va por ahí, los medios de comunicación de masas lo que harán será restar diferencias y particularismos, pero esto no tiene que parecer o plantearse en términos necesariamente negativos...

El fenómeno de la inmigración podría estar acarreando un trasvase notable de palabras, llegadas a Canarias desde varios países, a través de sus colectivos humanos más representativos ¿Existe constancia de tal trasvase? De ser así, ¿es objeto de estudio? Y en cualquier caso, ¿debería hablarse de enriquecimiento del léxico en Canarias o, por el contrario, de empobrecimiento del mismo?

En todo fenómeno de contacto, hay cambio, interferencia y adaptación. Eso lo podemos ver retrospectivamente en lo que significó el aporte inglés en Las Palmas o en el Puerto de la Cruz a finales del siglo XIX. Estos contactos llevaron consigo la adopción de una docena de palabras a lo sumo, sumando a ellas las que entraron directamente de lo que A. Martí llamaba el espichinglis de los muelles. Sí que se ha estudiado este contacto, tenemos investigaciones realmente ejemplares. En cuanto al aporte de las últimas corrientes migratorias, tanto las sudamericanas como las procedentes de la Costa africana, la perspectiva temporal todavía no es suficientemente amplia para analizar hasta qué punto estos nuevos contactos están afectando o pueden afectar a la lengua, principalmente porque lo que hay que analizar no es la generación de los emigrantes sino el habla de las nuevas generaciones de los hijos de emigrantes nacidos aquí.

En líneas generales, ¿puede decirse que en Canarias usamos más vocablos, o menos, que años atrás? ¿Valdría aquí el aserto de que no sólo importa la cantidad, sino también la calidad de los vocablos? ¿Y cuál es la tendencia actual, interviene en ello el proceso mundial de globalización?

El lexicógrafo lo que realiza es un registro acumulativo de voces, intentando marcarlas adecuadamente para que el que consulta el diccionario sepa su nivel de uso. El tener un léxico pasivo más o menos rico y actualizarlo depende del nivel cultural del hablante. Se está trabajando bastante en esto, sobre todo en el proyecto de «Disponibilidad léxica» que parte de las investigaciones realizadas en diversos grados de escolarización. También se puede comprobar en las respuestas dadas por los hablantes en las encuestas realizadas en otro proyecto panhispánico importante, el de la «Norma culta de las principales ciudades hispánicas». La riqueza léxica no es mayor ni menor en una comunidad de hablantes frente a otra; lo que sí es diferente es la actualización de ese léxico, porque ahí intervienen múltiples factores socioculturales.

Nuestro patrimonio lingüístico no se va perdiendo sino que se va adaptando a las nuevas circunstancias. El uso del léxico ganadero y el marinero va quedando restringido a las generaciones mayores, simplemente porque la sociedad ha cambiado y los jóvenes han ido buscando nuevas formas de vida. Es evidente que estamos ante una época de grandes cambios y, además, de unos cambios que se producirán de manera muy rápida, que los jóvenes, por su ritmo de vida, asimilarán de una forma natural. Se están dando usos de «vosotros» en lugar del tradicional «ustedes»; observamos que los locutores regionales articulan la -s donde normalmente se ha empleado una aspiración, y eso está llegando a las nuevas generaciones. El uso -y abuso- de los mensajes de móvil, con la economía de caracteres gráficos que conlleva, también va a producir cambios. Es un proceso apasionante para el lingüista.

¿Cree que existe una relación sana entre los centros docentes (escuela/universidad) y las modificaciones practicadas en el habla canaria, especialmente a nivel de léxico?

Si se refiere a si la Universidad está teniendo en cuenta la sociedad y los fenómenos que en ella se están dando, sí que es necesaria y fundamental esa relación, es lo que se llama en nuestro ámbito «transferencia de resultados». Pero tenga en cuenta que los resultados no siempre son tangibles a corto plazo, y que en Humanidades es muy difícil establecer escalas y parámetros que den cuenta o traduzcan a cifras nuestras investigaciones. La cultura nunca podrá medirse, porque forma parte o debe formar parte de nuestra identidad, de nuestro carácter y de nuestra manera de integrarnos en esta sociedad global sin perder la propia idiosincrasia. El gusto por la lectura no se mide, se transmite. Y el buen profesor universitario debe plasmar en sus clases los resultados de sus lecturas y de sus investigaciones con la pasión suficiente para que sus alumnos, muchos de ellos futuros profesores de Educación primaria y secundaria, puedan a su vez pasar a las nuevas generaciones de estudiantes estos valores.

La televisión o internet tienen una gran capacidad de impacto en el habla de las personas. ¿Inciden estos y otros medios en este tipo de modificaciones en el habla?

Claro, por supuesto... El ritmo de cambio ha sido tan acelerado en los últimos veinte años que el ordenador, el correo electrónico o el móvil forman parte de nuestra cotidianidad. Y esta modificación implica, sin duda alguna, cambios profundos en nuestra manera de comunicarnos.

¿Cuál es el estado de salud de la investigación en Canarias, en lo que a su campo de estudio y trabajo se refiere?

Es un campo muy específico, pero la llamada desde hace algunos años como «Escuela de lexicografía de La Laguna» ha tenido un reconocimiento nacional e internacional. Quizá porque hemos planteado nuestra investigación desde modelos teóricos novedosos y, partiendo de un material muy concreto, como es el léxico de la modalidad canaria, hemos sido capaces de exportar esos modelos que hoy están siendo aplicados en otros ámbitos del español. Es esa «transferencia de resultados» a la que hacíamos antes referencia. Pero no sólo en Filología, también en otros ámbitos de análisis más alejados de nuestro campo los resultados de las investigaciones realizadas en Canarias han tenido y siguen teniendo repercusión fuera de aquí. Lo que pasa es que la repercusión en los medios de comunicación suele ser muy pequeña o incluso nula; los investigadores se han solido dedicar a sus proyectos y no a la difusión en ámbitos no profesionales de sus investigaciones, eso toca a los profesionales de los medios de comunicación.

¿Qué valoración hacen del nivel de concienciación de la gente en Canarias, respecto a la calidad de los contenidos e investigaciones desarrolladas en los centros museísticos en las Islas? ¿En qué claves debemos encajar experiencias como por ejemplo la que atraviesa El Museo Canario? ¿Existe riesgo de contagio hacia otras instituciones de este tipo?

Gracias a centros como El Museo Canario y otras instituciones similares la cultura en el Archipiélago ha sobrevivido en épocas muy duras. Lo que atesoran estas instituciones es incalculable y su patrimonio un bien de la sociedad. Sin entrar en disquisiciones que no nos llevarían a nada, lo que habría que hacer es dotar a estos centros de los medios suficientes para que, adaptados a los nuevos tiempos, su patrimonio sea conocido por todos y llegue a todos.

¿Algo que añadir, referido al léxico o al estado actual de su investigación?

Que en estos tiempos que corren, supone todo un mérito para el Cabildo de Gran Canaria tanto por la edición de los resultados de este proyecto, como por lo que significa de apuesta seria por la investigación.

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